miércoles 6 de octubre de 2010

De la natalidad y los costes sociales.

Es muy dado nuestro espectro más católico y ortodoxo, gran parte empresario, en ponderar las virtudes de la natalidad, execrar el aborto y la anticoncepción y hacer votos porque las mujeres tengan muchos hijos. Sin embargo, la tozuda realidad de España, laboral y social, contempla el aborto, desgraciadamente como un método simple y eficaz para no cercenar una prometedora o angustiosa vida laboral. Así de simple.

España tiene una de las legislaciones en materia de fomento de la natalidad más pobres de Europa. Y aún siendo así, el empresariado y muchos trabajadores con síndrome de Estocolmo se quejan de los enormes costes que genera una embarazada, su parto y su lactancia para la empresa. Se quejan de que la mujer no asuma todos los costes ella solita, se quejan de la falta de competitividad y de productividad de las mujeres embarazadas en definitiva. Y más aún cuando el Parlamento Europeo está proponiendo homogeneizar las bajas por maternidad en toda la UE en 20 semanas. Para todos estos productivistas,  es un ultraje infame a su riqueza y a la productividad.

Lejos está de nuestra España,  el considerar la maternidad como un bien social cuyos costes tienen que ser sostenidos solidariamente por todos, empresarios incluidos. Todavía quedan restos del machismo atrabiliario que condena a las mujeres a ser expulsadas del mercado laboral. Sin flexibilidad horaria y sin beneficios sociales, no es extraño que la natalidad en estratos medios, medios bajos se haya desplomado. Ser padres cada día es un acto de heroísmo, que sólo los muy pudientes pueden permitirse con desahogo.

Y otro cáncer que repercute en la natalidad, es el tejido empresarial español repleto de pequeñas y medianas empresas. Empresas que tienen enormes dificultades para pagar buenos salarios y otorgar beneficios sociales, que son de una productividad muy baja y renuentes a la investigación y el desarrollo. Mientras el tejido empresarial español no sea de gran tamaño y el trabajo autónomo descienda, España estará abocada a la crisis permanente, a salarios bajos y beneficios sociales ridículos. Además condenará a las mujeres a optar por la maternidad o por el trabajo, como se está haciendo ahora de manera aberrante. El nuevo paraíso de Milton: repetir la historia de mujeres en el hogar por obligación y de hombres en el trabajo. La vuelta a la división sexual en el trabajo.

Yo no tengo hijos, ni los voy a tener, pero me apena profundamente esta España insolidaria con las familias y la falta de consideración de un bien social. Sería bueno que fueran muchos menos con el hisopo y el incienso y anduvieran predicando con el gasto solidario que implica traer hijos al mundo. Porque dejémonos de cuentos, el patriotismo, si es que existe y sirve para algo, se mide en cuartos, contantes y sonantes.

1 comentarios:

alfombril dijo...

Y puesto que en Europa tenemos la alta longevidad que tenemos y una muy baja natalidad a consecuencia del desempleo, la precariedad laboral y la carestía de la vivienda, y eso hace que el sistema público de pensiones peligre, la inmigración está jugando un papel excelente de rejuvenecimiento de la mano de obra y de aumento de la natalidad sin las cuales no tendríamos pensiones desde hace tiempo, así que a seguir rebuznando en contra de la inmigración por parte de mucho cabestro.