
En medio del fragor de una final del Campeonato del Mundo, ayer Orlando Samuels Blackwood miraba con tranquilidad a su equipo desde la banda. Brasil, finalmente campeona, estaba jugando como un rodillo y sus jovencísimos pupilos cubanos, fibrosos, negros, atléticos sucumbían ante el talento de un equipo imbatible como el Carioca. En los ojos de Blackwood se reflejaba la resignación de un equipo que reconoce la superioridad deportiva del rival, pero también la sabiduría cincelada en una historia gloriosa del voley cubano.
Sigue sorprendiendo el nivel deportivo de Cuba, tras el admitido desastre económico en el que se encuentra la Isla. La Revolución, como todo el mundo sabe, no ha llegado a construir un paraíso socialista, si no más bien un régimen autoritario bastante opresor, sin libertades básicas y una economía altamente ineficiente. También ha contado, desde la caída del Socialismo en Europa, con una acoso feroz que ha enquistado el Régimen.
Sin embargo, la Revolución ha conseguido grandes avances sociales que ningún país pobre de Centroamérica o Caribe y muy pocos de Sudamérica han llegado a conseguir. Y es en el deporte donde este país, junto con la medicina o la educación ha sobresalido. En atletismo, como termómetro del deporte, Cuba ha destacado y lo sigue haciendo; los nombres del "Caballo" Juantorena o de Javier Sotomayor ilustran varias generaciones de atletas a gran nivel con las contrariedades de vivir en un país cerrado y pobre pero que apuesta por el deporte y la educación física como arma de transformación de la sociedad. En deportes colectivos, además del Baseball que es el deporte rey, herencia de su reciente pasado vinculado tan estrechamente a Estados Unidos, destacan en Voleibol y en Baloncesto femenino; tuvieron un época muy fructífera en el masculino en los años 70. Mediante y no sólo el deporte, la población negra cubana se ha integrado, como ninguna otra en países mixtos. Basta leer a Carpentier o Lezama Lima para saber qué papel tenían los negros en la Cuba Libre de Batista o de otros antes de él.
Por eso los ojos tranquilos de Blackwood, tenían ese deje amargo del sembrador humilde que sabe que su cosecha a lo mejor no da frutos dentro de dos años en Londres. Quizás alguna estrella jovencísima y rutilante se vea tentado por el paraíso capitalista, con bienestar para las estrellas del deporte, y el equipo cubano quede descabezado. Cuba camina hacia un horizonte sin Fidel y sin el PCC, pero el día en que eso suceda confío en que quienes lleguen al poder, no arrumben con adanismo histérico con las conquistas de dignidad de la Revolución. Los ojos tranquilos de Blackwood reflejan esa dignidad conquistada. No todo lo que hay en Cuba es miseria y muerte, aunque la herrumbre se haya instalado en las columnas de la Isla.
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