martes 28 de septiembre de 2010

La huelga.



"There is no alternative" dijo Margaret Thatcher al comienzo de su década ominosa en Downing Street. Y si fracasa la huelga mañana, así será para España y sobre todo para la izquierda. NO HABRÁ ALTERNATIVA. La derecha está deseosa de arrebatar el discurso moral y político supuestamente hegemónico a la izquierda. Y mañana es el rubicón.

ras treinta años de querencias de izquierda, la sociedad española está disgregada, disociada y aburguesada. Y es el campo abonado para el populismo, la demagogia y el cachondeíto liberal de esto no funciona así. Y no funciona así porque España como estado, Grecia, Irlanda, Portugal, y luego vendrá Italia o Alemania y así todos han dejado de funcionar como sujetos políticos soberanos con control democrático de todos sus ámbitos. Entre ellos el mercado. Y el mercado ha impuesto, por encima de los ciudadanos y de las instituciones democráticas unos ajustes durísimos que siempre pasan por las clases más desfavorecidas.
Es imposible hoy el control democrático de la economía a escala nacional y la huelga de mañana es utópica pero necesaria, no tanto para cambiar el rumbo de las políticas de ajuste, como para reivindicar que otra forma de hacer economía es posible.
El gobierno socialista podía haber metido en cintura la burbuja inmobiliaria y apostar decididamente por el i+D pero la pereza, el populismo dadivoso, el discurso rosicler y las inercias y los débitos a los poderosos cercenaron un refugio socialdemócrata. Y hoy las turbulencias fiscales las pagan quienes menos tienen. Y lo peor es que no hay una salida democrática a la crisis dentro del Estado. Pasa ésta, sólo por la democracia dentro de la UE, única entidad de peso para someter los mercados a la democracia. Pero viendo que la UE es una aristocracia, queda remota la solución.
Si mañana la huelga fracasa, el derrumbe de la izquierda en España será tremendo, y los altavoces mediáticos de la derecha ya están calentando el legado de Thatcher. Éste es el desolador panorama de mañana.