
Un poco trabado por el eso del destino, cambiamos de rumbo. No está claro por cuánto. Será un diario de impresiones. No se abdica ni del rojo ni del Estado. Somos libres, no liberales.
Para empezar, estaría bueno que fueran al cine a ver The Reader. Es probable que los muy críticos hablen de pedantería, de discurso relamido y tramposo, de un Daldry academicista y dador de placer para cursis. Puede. Pero es fascinante cómo se cuenta, la bofetada tremenda que recibe el Alma.
Winslet está soberbia. Las escenas del juicio la hacen gigantesca. Y es una película Kelseniana. Decididamente positivista. Bruno Ganz pone el acento inquietante de la ideología anti-iusnaturalista. Ella con su vida, su personaje lo confirma, y el elegante Fiennes se desafía como hilo conductor. Se ganan minutos de vida, y no se pierde el dinero.
Serenado el espíritu, comienzo a dar satisfacción al alma. Avidamente he retornado a la lectura de aquellos días fértiles de la facultad, dónde vivía colgado de los libros. Ahora, estimulado en la escuelita de varios personajes atirantes, me sumerjo en la literaratura, en el ensayo, en la poesía de modo febril. Mi cabeza hierve con las letras y mi alma se goza fuera del tedio mortal del temario.
Se avizoran días de letras. Y entre manos, corto plazo en el Chaco Boreal y el Paraná de modo académico y la largo plazo el Gran Paraguay en letras para todos.
El alma se expande con la libertad, a la que todos tienen derecho.




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