
Cuando la prensa Amarilla, o sea, la prensa adicta, que se decía en tiempos del Generalísmo la coge con un tema, no lo suelta hasta que la caricatura no acaba por imponerse. Y ahora le ha dado por los coches del presidente del Parlament de Cataluña y el despacho del de la Xunta de Galicia. Será una deformación demagógica, pero suena a escándalo y lo es. Una administración pública, de izquierdas y en tiempos duros debe cuidadosamente cuidar en qué gasta. Que la derecha sea derrochona y falsaria como lo es el ayuntamiento de Madrid en sus fastos para adecentar la nueva y faraónica sede de su alcaldísimo en Cibeles, o que tire a la cloaca la Comunidad de MAdrid, euros sin pena en una publicidad sobre el metro de Madrid, va de suyo. Pero que la izquierda gaste lo que no está en los escritos en coches oficiales sin justificación alguna clama al cielo.
Julio Anguita siempre dijo que la austeridad es y debe ser un rasgo de la izquierda. Esta sólo puede ser, si es austera. Eso no quiere decir que los presupuestos públicos no puedan ni deban ser expansivos. Más bien al contrario. Pero el gasto público se ha de orientar a mejorar la prestación de servicios públicos de alta calidad, a prestar un salario indirecto. No al gasto suntuario de los cargos públicos. Es cierto que quienes están en política, tanto en el ejecutivo como en el legislativo, han de tener buenas remuneraciones, para que todo los espectros sociales puedan acceder a ella y no sólo los de abundante peculio y también para evitar tentaciones de corrupción. Pero ha de evitarse el lujo, el boato y la pompa. Es y debe ser propio de la izquierda evitar derroche a cargo del presupuesto público. Eliminar los gastos con cuenta a una tarjeta de crédito sin límite, y sin pérdida de la dignidad de los cargos que se ejercen, limitar el gasto suntuario. Porque si siempre el boato es ofensa a la clase obrera, en tiempos como los de ahora en los que el paro crece, la ofensa aún es más grave.
Y además es una munición preciosa para la derecha. Lean y escuchen las troneras de la derecha...
Julio Anguita siempre dijo que la austeridad es y debe ser un rasgo de la izquierda. Esta sólo puede ser, si es austera. Eso no quiere decir que los presupuestos públicos no puedan ni deban ser expansivos. Más bien al contrario. Pero el gasto público se ha de orientar a mejorar la prestación de servicios públicos de alta calidad, a prestar un salario indirecto. No al gasto suntuario de los cargos públicos. Es cierto que quienes están en política, tanto en el ejecutivo como en el legislativo, han de tener buenas remuneraciones, para que todo los espectros sociales puedan acceder a ella y no sólo los de abundante peculio y también para evitar tentaciones de corrupción. Pero ha de evitarse el lujo, el boato y la pompa. Es y debe ser propio de la izquierda evitar derroche a cargo del presupuesto público. Eliminar los gastos con cuenta a una tarjeta de crédito sin límite, y sin pérdida de la dignidad de los cargos que se ejercen, limitar el gasto suntuario. Porque si siempre el boato es ofensa a la clase obrera, en tiempos como los de ahora en los que el paro crece, la ofensa aún es más grave.
Y además es una munición preciosa para la derecha. Lean y escuchen las troneras de la derecha...




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