sábado 10 de mayo de 2008

CALVO SOTELO Y LOS FUNERALES DE ESTADO



Leopoldo Calvo Sotelo fue un hombre clásico de derechas, atildado, inteligente, socarrón y con urbanidad. Nada que ver con la derecha arriscada de nuevo cuño que representa la hidra Aznar y sus palmeros. Como hombre de derechas siguió sus principios y los aplicó. Nada hay que decir de ello. Fuera del poder, fue discreto y pulcro. Una imagen que otros podrían haber cultivado, pero que no están por la labor. De ahí un venenoso y repugnante obituario de Aznar el domingo pasado. Quien siempre anda cerca de las heces, no produce más que heces intelectuales. Eso hizo nuestro fatuo y engominado Aznar a propósito del presidente Calvo Sotelo.
Lo que queda discordante en el episodio de la muerte del Presidente, es el funeral de Estado. A mi entender la ceremonia del Lunes con honores militares fue más que suficiente como fueneral de Estado. Entiendo que Don Leopoldo era profundamente creyente, cuestión personal e intransferible, pero es inadmisible en un estado que proclama la aconfesionalidad, esto es la neutralidad del mismo ante las confesiones religiosas, otorgue rango de estado a una ceremonia católica. Si el presidente hubiera sido judío o Protestante, tengo por seguro que la ceremonia religiosa no hubiera ostentado tal carácter. No me imagino al gran Rabino de España en el papel del Cardenal Arzobispo.
Por eso urge, una ley de ceremonias de Estado para las honras fúnebres, una revisión de los acuerdos con la Santa Sede de 1979, y tomarse en serio que las creencias no pueden tener rango de Estado, porque España no es un estado Confesional. Dar la batalla ahí es dar la batalla de la supervivencia y autonomía del poder público frente a las confesiones religiosas. Es volver al castillo de Canosa pero con el Papa durmiendo toda la noche a la intemperie.