Nosotros pobres españoles estábamos ayer pasmados con los movimientos de ajedrez de Zapatero. Ahora el motorista que va a casa del ministro a comunicarle su cese no se lleva, se lleva más el compadreo del Presidente. Estábamos también con el pie cambiado de la derecha que se veía en La Moncloa y ahora se enfrenta a un gobierno como el Milán de Capello, duro, compacto, aguerrido, veremos si eficaz y que haga sacar a este solar hispano de la crisis. Los miércoles van a ser divertidos con Rubalcaba jugando y haciendo esgrima con Soraya.
En estas cuitas de catetos estábamos todos, cuando en Westminster se descolgaba el ataque más frontal y directo desde Margaret Thatcher, al estado del Bienestar. Es otra vuelta de tuerca en la revolución conservadora, que si bien utilizó el discurso de la intervención del estado para salvar las cuentas de los bancos, una vez saneados y pasada la factura, se aprestan a cobrarla en un recorte gigantesco del gasto. 96.000 millones de Euros en cuatro años. Es decir, machacar a la clase media, media baja, a los pobres y dependientes, a los funcionarios, para que los de siempre puedan seguir manteniendo el mismo nivel de vida.
Hay muchos que siguen insistiendo que la redistribución de la riqueza se hace exclusivamente por la vía del gasto. Bien, cuando este gasto se recorta de la manera salvaje que se va a hacer en Gran Bretaña, no hay redistribución que valga porque son los más desfavorecidos los que salen perdiendo.
The Guardian hace ayer una magnífica exposición de la escabechina Conservadora con la aquiescencia Liberal-Demócrata. Este era el programa oculto de Cameron. Pero también hay que insistir que la redistribución se hace también por la vía del ingreso y por la captación de recursos de manera progresiva entre los contribuyentes. Es decir que para muchos un servicio público les debe salir muy caro para que a otros les salga muy barato. Negar esto, es negar cualquier lógica democrática y social y apuntarnos a la caverna.
En La Vanguardia Rafael Ramos hoy en la página 3 de la versión en papel además de escribir un magnífico y didáctico artículo, (no tengo enlace, pero compren ese buen diario) hace un sucinto resumen de cómo recortar el gasto en partidas que no afectarían a los menos necesitados:
Retirada de Afganistán 3400 M.€
Abolición de la Monarquía 45 M€
Eliminación del bonus a funcionarios 160 M€
Uso de consultorías externas del Gobierno 2000 M€
Ayudas pensionistas de renta alta para la factura del gas 2500M€
Propaganda electoral 300 M€
Renovación de misiles nucleares Trident 40000 M€
Si se suben los impuestos en los tramos más altos, casi dan las cifras del recorte y el déficit se reduciría considerablemente. Sin embargo, pedir sentido común a la derecha es predicar en el desierto.
Como saben, tanto el Reino Unido como España tiene presiones fiscales bajas en comparación con la media Europea. En el caso de España es sangrante, no sólo la presión fiscal, si no también el volumen de economía sumergida que llega al 25% del PIB. Cuando situemos a España en la media alta de la presión fiscal, reduzcamos la economía sumergida a la mitad y aflore el fraude fiscal, podremos hablar de reducción drástica del gasto. Porque el problema del déficit no viene tanto del gasto, como de la incapacidad de los gobiernos para recaudar lo que deben.
Cameron y su Canciller del Tesoro se han embarcado en una cruzada conservadora, aguerrida y fatal para el Estado del bienestar y los más débiles en su afán por pagar el enorme déficit para salvar la banca y hacer más competitiva a su economía frente al dumping social de Asia. Cristóbal Montoro lleva en su programa oculto el equivalente para España. Que quede claro para que nadie se lleve a engaño. Además con estas medidas de Cameron va a enterrar para siempre la alternativa jovial de Nick Clegg y los Liberal Demócratas. Milliband II y sus muchachos de la rosa esperan ver caer a este gobierno crápula con una amarga sonrisa dentro de 5 años, si es que Gran Bretaña existe como hoy.
Nosotros pobres españoles, como porteras vamos a nuestros asuntos de Gobierno nuevo, ministros nuevos, ETA nueva y derecha recalentada. Miserere Nostrum, Domine